Un pueblo que no solo observa… sino que siente y camina con fe
Este Viernes Santo, San Jerónimo se convirtió en un escenario de profunda emoción, donde cada paso del cortejo procesional fue acompañado por corazones llenos de devoción.
Las calles, vestidas con las hermosas alfombras creadas por manos chomeñas, no solo mostraban color y arte, sino el alma de un pueblo que entrega lo mejor de sí en cada detalle. Cada diseño fue una expresión de amor, sacrificio y tradición que se mantiene viva generación tras generación.
Entre incienso, silencio y miradas llenas de respeto, el recorrido avanzó recordándonos que la fe no se explica… se vive. Y en San Jerónimo, se vive con intensidad, con entrega y con un profundo orgullo por nuestras raíces.
San Jerónimo, la entrada a un legado vivo.











